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En La Juventud Está El Futuro del Mundo

En La Juventud Está El Futuro del Mundo

En la recién terminada Jornada Mundial de la Juventud realizada en Río de Janeiro, Brasil, el papa Francisco se refirió innumerables veces al papel tan importante que la juventud juega en el mundo, sobre todo en los momentos actuales en los que nos toca vivir.

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 Así les habló el Papa en una oportunidad: “Cristo les ofrece espacio, sabiendo que no puede haber energía más poderosa que esa que brota del corazón de los jóvenes cuando son seducidos por la experiencia de la amistad con él. Cristo tiene confianza en los jóvenes y les confía el futuro de su propia misión: «Vayan y hagan discípulos»; vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanos. Pero también los jóvenes tienen confianza en Cristo: no tienen miedo de arriesgar con él la única vida que tienen, porque saben que no serán defraudados”.

Y en otro momento les decía el Santo Padre: “Es común entre ustedes oír decir a los padres: «Los hijos son la pupila de nuestros ojos». ¡Qué hermosa es esta expresión de la sabiduría brasileña, que aplica a los jóvenes la imagen de la pupila de los ojos, la abertura por la que entra la luz en nosotros, regalándonos el milagro de la vista! ¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos? ¿Cómo podríamos avanzar? Mi esperanza es que, en esta semana, cada uno de nosotros se deje interpelar por esta pregunta provocadora”.

Por eso nos decía a todos: “Y, ¡atención! La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo. Es el ventanal y, por tanto, nos impone grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio. Esto significa tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente para su sed de auténtica felicidad y su creatividad en el bien; dejarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir, y corresponsable del destino de todos. Con estas actitudes, anticipamos hoy el futuro que entra por el ventanal de los jóvenes”.

Durante esas mismas fechas, Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, estuvo también en Río de Janeiro, en donde sostuvo varios encuentros con gran cantidad de jóvenes de los que participaban en la JMJ. En una de ella, les decía Mons. Echevarría: “Todos somos Iglesia. Todos estamos con Jesucristo. No sería justo ese Dios nuestro si hubiese dicho: «Los que están lejos de Roma físicamente no son tan Iglesia». ¡No! Si precisamente Él vino a decir «Id por todo el mundo» porque le interesaba todo el mundo y todas las almas. ¡Estáis en el centro de la vida de Cristo!, ¡estáis en el centro de la vida de la Iglesia! Y, desde aquí, podéis ayudar a que todo el Cuerpo de la Iglesia –porque sois Iglesia– sea fecundo”.

“No estéis lejos –continuaba el Prelado del Opus Dei–, al contrario, muchas veces la lejanía física ayuda a querer más, ayuda a pensar más en la persona que se quiere. Lo mismo pasa con la Iglesia, con el Papa, con la Obra, con los demás católicos. La lejanía física no es una excusa. Al contrario, es pensar como hacía san Josemaría, que nos decía muchas veces: “Desde este rincón de Roma sé que puedo ayudar, si soy fiel, a mis hijas y a mis hijos y a las personas, hombres y mujeres, de todos los lugares”.

“Podéis llegaros a todo el mundo –concluía Mons. Javier Echevarría– y, sobre todo, podéis llegaros a ayudar al Papa y ayudar a que hagamos la Iglesia en todos los continentes.”

Vía La Prensa Grafica

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