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El Nuevo Campeón; Un Capo de Provincia

El Nuevo Campeón; Un Capo de Provincia

Se podrían llenar hojas con reseñas individuales destacadas porque hubo jugadores que compitieron a un nivel excepcional. Sin embargo, es más importante abordar lo colectivo para no olvidar que el fútbol es un deporte de equipo y de asociación, en el que la suma de las partes es más valiosa que cada una de ellas.

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O´Higgins de Rancagua nació de la unión de todos los clubes de la ciudad en el año 1955 y por una imposición derivada de la Asociación Central de Fútbol que obligó a la ciudad a presentar un solo equipo para el campeonato nacional. Surgió así la alianza que derribó rivalidades y unió a los habitantes de la ciudad en un solo color, el celeste. Desde su fundación ha participado en los torneos de ascenso y en la máxima categoría profesional. Ha jugado la copa libertadores de América (torneo al que hoy vuelve por derecho propio) y el martes recién pasado se consagró campeón del torneo nacional por primera vez en su historia.

El camino anterior fue largo y muchos nombres han pasado por el club. Imborrables triunfos y fracasos. Bonanza y crisis. Igual que todos los clubes chilenos,  enfrentó dificultades económicas, precariedades materiales y profesionales. Las deudas se incrementaron y finalmente, en 2005, la asamblea de socios decidió aceptar la oferta de Ricardo Abumohor para convertir a O´Higgins de Rancagua en sociedad anónima. Desde entonces han pasado nueve años y no es casualidad que hoy los resultados sean exitosos.

Se han hecho innumerables críticas a las sociedades anónimas en el fútbol pero no todas las experiencias son iguales. El sistema imperante cambió las condiciones paritarias en la toma de decisiones y está matando a los clubes sociales.  En ellos las personas se organizan autónomamente y en la suma y moderación de sus pasiones deciden cómo trabajar y mejorar institucionalmente. Esa experiencia fortalece lo colectivo, nos obliga a acercarnos. Nos enseña a discutir y escuchar otras ideas igualmente validas. En este país donde los políticos enarbolan la bandera de la democracia es pertinente cuestionarse porque nos quitan las posibilidades de ser democráticos en todo orden de cosas. Ya no nos pertenece nada. Sólo el amor a la camiseta que es paradójicamente lo más valioso.

O´Higgins decidió invertir en el club y fue gastando en planteles competitivos y entrenadores serios. Por ahí pasó el equipo técnico de Jorge Sampaoli y ahora el de  Eduardo Berizzo. Lograron buenas actuaciones, jugaron una final y la perdieron de forma agónica. Vendieron a sus principales figuras a buenos precios en el mercado y supieron reemplazarlos bien y más barato. Reinvirtió sus ganancias en la construcción de un centro de alto rendimiento de primer nivel y se instaló en la lista de los equipos importantes del país y el continente en lo que a infraestructura se refiere. En ese centro se acunaron los sueños formativos y profesionales de una institución que decidió apostar por su gente e invertir en la formación deportiva y social constructiva, la pertenencia y el juego limpio.

Y  la sociedad no se equivocó en la persona elegida para encabezar el proyecto técnico. A Berizzo lo conocimos como ayudante de Marcelo Bielsa en la selección. Y aunque no es fiel al estilo futbolístico de su maestro, si heredo de él el amor por la tarea, el trabajo dedicado y poner al grupo por sobre el individuo. De esta manera logró comprometer al plantel con una idea de jugar y entrenar. Supo dirigir a buenos jugadores y sacarles un alto rendimiento físico y futbolístico. Colectivamente presentó un equipo equilibrado. Bien protegido defensivamente y con transiciones rápidas y bien acompañadas en ataque, aunque un poco esporádicas para mi gusto. Pese a tener un plantel económicamente inferior, supo encontrar recambio y opciones para sacar adelante los desafíos presentados en cada partido. Por momentos el equipo fue abúlico pero ganó merecidamente cada punto de la competencia y también la gran final contra Universidad Católica. Vimos solidaridad y entrega. Y sobre todo mucha dedicación y trabajo que son las bases del éxito deportivo.

Se podrían llenar hojas con reseñas individuales destacadas porque hubo jugadores que compitieron a un nivel excepcional. Sin embargo, es más importante abordar lo colectivo para no olvidar que el fútbol es un deporte de equipo y de asociación en el que la suma de las partes es más valiosa que cada una de ellas.

En Rancagua había alegría y locura. La gente desbordaba la ciudad con las celebraciones. Todo y todos eran celestes. Los gritos y bocinas se confundían entre los abrazos. Unos querían ponerle el nombre del entrenador a una calle. Otros se inclinaban por una escultura o las llaves de la ciudad. Diferentes formas de agradecimiento “a la chilena” por la tarea cumplida. Por la humildad, sinceridad y mesura en el triunfo. Actitud que nos encanta. Un equipo pequeño y esforzado demostró que se puede tener éxito si se invierte y trabaja con capacidad. Esta vez el esfuerzo de abajo derrotó a todos los llamados grandes ¿o será acaso que la gloria le abrió un lugar permanente en ese mismo sitial?

Cuando el trabajo se hace bien no hay más que reconocer y aprender de la experiencia.

Francisco Cárdenas  para Radio Universidad de Chile

Servicio Técnico Computación y Telefonia

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